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Histeria

La expresión Histeria viene del griego “hysteros”, que significa útero (matriz). Hipócrates, el padre de la medicina, pensaba que el útero, gustaba de salir a dar un paseo por el cuerpo de la mujer:

 

Subía al pecho y a la dama le daban sofocos; llegaba a la cabeza y se convertía en una leona iracunda. Bajaba al vientre y aparecían los típicos síntomas que presagian el infierno sobre la tierra: Menstruaciones dolorosas, y carácter insoportable.


Los médicos descubrieron que dando masajes en el clítoris, la fiera se calmaba, los síntomas desaparecían. Todo lo anterior, por supuesto, siempre y cuando la paciente llegara a un final feliz.


Asi  que con semejantes remedios, los casos de histeria comenzaron a hacerse “más graves”, con mayor prevalencia, un verdadero azote de la humanidad.


Estas mujeres con útero ardiente (según los griegos) tenían ansiedad, irritabilidad que los médicos, siempre buscando nuevas alternativas, descubrieron unos objetos conocidos como masajeadores vibratorios resultaban de cierto alivio para la enfermedad, disminuían los síntomas como por arte de magia y hasta resultaban didácticos.


Desde entonces, los conceptos que se tienen sobre la histeria han cambiado mucho. Ahora muchos la niegan, otros la defienden y otras la siguen sufriendo, sin importar que ahora se le vea como un anacronismo, como un mito o como un vestigio de la ignorancia que cubrió a la medicina durante tanto tiempo.

Pero el tratamiento sigue siendo el mismo, y el resultado igual de bueno.

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